domingo, 30 de septiembre de 2012

De cuando Violeta creía que podía volar




 Antes de cumplir 6 años, Violeta estaba absolutamente convencida de que podía volar. No sabía por que ni cuando había adquirido esta habilidad pero tan segura estaba que una tarde decidió subir al terrado de casa de su abuela para probar al mundo lo que era capaz de hacer. Mientras subía por las escaleras del patio interior, no pensaba en nada mas que en los lugares que visitaría. Se visualizaba surcando el océano Atlántico de camino a Egipto, atravesando la tundra soviética compitiendo en velocidad con el Transiberiano o aterrizando en una paradisíaca isla de los mares del sur. Pensar en todos estos lugares de libro le dibujaba una cálida sonrisa en la boca y un suave cosquilleo recorría su espalda. Antes de subir el último escalón, se acordó de su hermana y de su abuela, se le ocurrió que probablemente se preocuparían por ella si cuando volvieran de la compra no la encontraban en casa, pero este pensamiento duró apenas unos segundo pues sus ganas ya viajaban por todo el mapa.
 Una vez en el terrado, buscó un buen lugar desde el cual alzar el vuelo. No le llevó mucho rato encontrar pista de despegue, optando al final por la barandilla que había en el lado este. Desde su posición de cinco años, la barandilla se veía muy alta, así que tuvo que buscar algo como una escalera o una vieja maceta de barro para poder llegar. Una vez arriba miró hacia el horizonte desafiando al mundo, o mas bien desafiando al sentido que para ella tenía el mundo. Y no pudo evitar pensar, por un momento, que todo aquello era una gran locura. ¿De verdad podía volar? ¿Dónde estaban sus alas?.
 Quiso eliminar esos pensamientos, hacer vacío a una mala idea lejana que rondaba en su mente. Pero no podía, sentía que alguien quería explotar todas las burbujas de su realidad. No iba a permitirlo de ningún modo. Cerró los ojos e intentó imaginar como serían las nubes y si el cielo de verdad tenía ese color en las alturas. Esto la relajó y ya se sentía lista para volar. Colocó los brazos en cruz, respiró profundamente y saltó.
 Al rato abrió los ojos. Le dolía todo el cuerpo y parecía que la cabeza le fuera a explotar. Estaba tumbada bocabajo en el suelo del patio interior. Se incorporó como pudo y, ayudándose con las paredes y puertas de la casa, llegó hasta su cama donde cayó rendida en un profundo sueño. Durmió mas de treinta y seis horas seguidas. Cuando despertó ya era domingo y su abuela la esperaba en la cocina con un tazón enorme de chocolate caliente.
-Te diste un buen golpe, nenita, a saber qué andabas haciendo subida en la barandilla!!. Violeta se puso roja y agachó la cabeza. Nunca le contó a nadie su encuentro con la realidad.

septiembre 2009

3 comentarios:

Plebeyo Sir dijo...

que pruebe 3 años despues...

Jadeth dijo...

hay quien nunca lo prueba!!

R dijo...

¡Hola! Excelente blog y aunque tengo muy poco en el mundo del blog, te hago la cordial invitación de visitar este blog, que se centra más en lo literario, aunque también hay frases, imágenes y poco a poco iré aumentando ahí detallitos que espero sea de tu agrado.
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