sábado 11 de febrero de 2012

Una historia por partes

A los dieciséis ella ya había planeado su futuro y decidió compartir esa información conmigo:
-Moriré a los treinta, me dijo mirándome a los ojos. Yo esquivé la mirada. Pero no sin haberlo probado todo primero.
Yo sabía que todo no implicaba nada bueno de lo que la vida te ofrece,
sino más bien lo contrario. Todo implicaba dejarse caer deliberadamente en el pozo oscuro y amargo de la existencia humana. Todo implicaba cortarse las alas antes de que éstas crecieran. Era vendarse los ojos en un momento en el que empezábamos a conocer la realidad. Y a ella la realidad nunca le gustó.
En aquel momento decidí que nunca me separaría de ella pues sabía que iba a necesitar una amiga en su terrorífico viaje y, aunque la idea me daba escalofríos, me armé con la mejor sonrisa que pude y le contesté:
-Cada uno tiene derecho a elegir sus sueños, o sus pesadillas. No me uniré a tu fiesta pero siempre estaré ahí cuando me necesites.
Me llamó exagerada y me dijo que no hacía falta ponerse tan seria. Nos reimos y seguimos el camino de cada día hacia el instituto.

Continuará...


domingo 22 de enero de 2012

24


Duerme,
tan plácida y sonriente,
mi pequeña estrella;
sus grandes ojos
aquí cegados,
ahora vigilan de cerca
el otro lado
y, en este,
me toca a mí protegerla;
duerme,
relajada y confiada,
mi pequeña estrella.


sábado 7 de enero de 2012

Maldita rata

Arremetió contra ella empujándola contra la pared, una y otra vez, como si fuera un contrincante en un campo de rugby al que tuviera que derribar a la vez que espetaba insultos demasiado pueriles para su edad. Mientras la zarandeaba se dió cuenta que ni siquiera tenía la decencia de mirarla a los ojos, el muy cobarde, rata cobarde...todos en la plaza observaban la entrañable escena por encima de sus hombros pero nadie abrió la boca, solo los ojos, ¡cómo abrían los ojos!
Decidió no gritar ni llorar, no quería otorgarle a la maldita rata el placer de sentirse superior así que hizo acopio de todas sus fuerzas y apretó los músculos de su delgado cuerpo tanto como pudo. La rata cobarde se cansó y se alejó puteando entre dientes a saber qué clase de insulto. Lo que no pudo controlar fueron los recuerdos, ¡maldita sea!, y poco a poco la imágenes archivadas en el olvido se pusieron el traje acuático y empezaron a caer por sus mejillas. ¡Estaba rabiosa! Ya no era una niña indefensa... y la rata ya era vieja, si quisiera podría enviarla al otro barrio con sus propias manos... se sintió impotente... sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de su chaqueta... si pudiera...
Esa noche soñó que estaba en la playa y que el mar estaba alterado, violento formaba inmensas olas que chocaban contra la orilla para morir absorbidas por la arena. Lo que más le gustó fueron los gigantescos delfines que cabalgaban las olas, a veces de "pie" sobre sus colas, otras tumbados boca arriba sobre la blanca espuma. ¡Y los calamares! Eran tan grandes como los delfines. Gracias a que el agua estaba clara podía verlos haciendo de las suyas justo cuando rompian las olas. Y la gente los fotografiaba desde las rocas que había a un lado de la playa. Había otras tantas criaturas marinas pero las veía borrosas cuando, al día siguiente, intentó recordar el sueño.

sábado 24 de diciembre de 2011

PAPANOELES DE CIUDAD

Feliz Navidad a todos